domingo, 13 de febrero de 2011

Fin de semana en Londres (VIII) Oxford

Tras un tiempo que parecía perdido en Reading me encaminé hasta Oxford. El billete me debió costar 23 libras pero el que me lo vendió no se debió fiar de que volviera a la misma estación de la que partía y me vendió uno de 25 que me daba acceso a toda la zona 1 a mi regreso.
Los billetes en Inglaterra son como en Alemania: te dan derecho a bajarte en mitad del trayecto, si quieres, sin necesidad de pagar nada extra. La única dificultad es que tienes que ir al revisor que esté en la puerta porque los tornos no reconocen tu billete si bajas en cualquier parada intermedia.
No sé si es la facultad de ciencias o el colegio de St.Peter, pero es uno de los primeros edificios interesantes que me encontré.

Llegué a Oxford y en la oficina de turismo de la misma estación están usando los mapas de la compañía de autobuses turísticos para enseñarte la ciudad, así que sale muy económico pedirlos. La explicación es exigua así que, si tenéis el ánimo, mejor dirigirse a la oficina del centro en la torre Carfax, torre de la antigua iglesia de San Martín reconstruída y cuyos 99 escalones se pueden subir por 2,20 libras. Como el día no era muy luminoso me ahorré la ascensión.
El escaner no me va con Linux por ahora (sigo investigando) no puedo incluir por ahora el mapa de la ciudad.
Magdalen College. Unos minutos más tarde saldrían niños de uniforme pero esas fotos salieron movidas.

Pasear por esta ciudad estudiantil es agradable. Se ve vidilla, muchos turistas y un ambiente tipo Harry Potter llama a los más jóvenes.
Fui haciendo el recorrido del autobús salvo la incursión por New Inn Hall Street que me llevaría a descubrir cerca de Brewer Street la cervecería que ya comenté anteriormente.
Agrandad esta imagen ya que la panorámica de la pradera de la iglesia me ha salido bien.

De ahí recorrí los jardines de Christ Church Meadow hasta el Madalen College que está entre los que más me gustaron. De este college estaban saliendo unos niños con el típico atuendo de estudiante universitario, y eso en domingo. Luego a comer en The White Horse y vuelta a empezar el circuito del autobús. Después de hacerlo recomendaría ignorar la parte de Woodstock Road ya que no aporta mucho. El último College que recomendaría es el Keble College.

En el Keble College te dejan ver el patio interior. Lástima que esta panorámica no haya salido tan bien como la otra.

El lugar donde realmente me explayé fue en la biblioteca. Antes de entrar me paseé por la exposición sobre la familia de Mary Shelley que resultó de lo más ilustrativa sobre cómo aquella mujer llegó a escribir Frankenstein.
Giño personal a un amigo que sacó la misma foto varios años antes. De entre todas las puertas ambos elegimos astronomía y retórica.

Entré y me ofrecieron una visita corta u otra larga. Me decidí por la que primero saliera y era la corta por un valor de 6,50 libras. Estuvimos esperando en la entrada que resultó ser el sitio que usan en Harry Potter como hospital.

Visión general de la cúpula de la entrada.

El director de la biblioteca recibía en el lambrequín de su escudo de armas un libro. Agrandad la imagen y vedlo. Le pregunté al guía por el nombre de este sujeto para añadirlo a este blog pero no fue capaz de repetirlo.

A partir de aquí un señor que dijo ser secretario de algo nos hizo de cicerón a lo largo del trayecto. Creo que recordar que me dijeron en Cambridge que ellos recibían un ejemplar de cada cosa que se publica en el Reino Unido, pues estos no son menos y claman ser el mayor archivo de todo el país. Entre las cosas que me llamaron más la atención están las estanterías y la explicación de que, antiguamente, se guardaban los libros por tamaño y no por las catalogaciones que conocemos hoy en día ni nada semejante. En una sala vimos un atrio para juicios internos de la Universidad y, al parecer, fue una gran concesión poder realizar estos juicios. Hicieron referencia a la quema de libros pro católicos, a la adquisición de libros e incunables anteriores a la existencia de la Universidad y de bastantes temas más. Si encuentro la propaganda del lugar tal vez haga una entrada a parte que señalizaré convenientemente.
Visión de la biblioteca. Por internet hay fotos más encuadradas pero quise añadir la torre.
Me gustó este ejemplo de barroco incluyendo columnas de todos los estilos clásicos.

Como conclusión me quedé un poco decepcionado por no poder acceder a los colleges, pero reconozco que fui demasiado afortunado cuando fui a Cambridge, así que de una manera totalmente arbitraria yo soy más de Cambridge que de Oxford.

sábado, 12 de febrero de 2011

México, Texas

Desde hace un mes que leí este artículo quería transcribirlo para un par de personas nacidas en los lugares referidos en el mismo y que no escriben como yo escribo. Se me antoja menester, y dada la ley Sinde que no sé si me es aplicable, decir que si nos atenemos al prólogo del libro la obra tiene carácter divulgativo y no nació con ánimo de ganar un dinero que suponía ya pagado en cada uno de los artículos y me permito extender el espíritu de un autor ya fallecido lamentablemente.

México, Texas

Ayer -e importa poco cuándo fue ayer, porque es diario- oí a un locutor de televisión hablar de la frontera entre México y Texas, pronunciados ambos vocablos así, con ks. Más sorprendente aún: cantantes hispanos disfrazados de charros aparecen -¿aparecían?- en la pantalla con su mariachis entonando loores a "Meksico lindo". Es el fetichismo, la adoración de la letra, de que habló el gran lingüista venezolano Ángel Rosenblat.

Urge poner remedio a ese grave desaguisado fonético, propagado cada día por las ondas como grave testimonio de incultura nacional. México y Texas se pronuncian con j, queridos locutores, admirados cantantes. El error no es sólo nuestro: de esa tenaz x de México (que seducía a Valle-Inclán) y mexicano se han quejado en muchos países de Hispanoamérica. En 1936, ante el desorden, la Academia Argentina de Letras -lo cuenta Capdevila-pidió dictamen al ilustre Alfonso Reyes,
el cual, en breve nota, reiteró lo que ya la Academia conocía y todos debían saber. Los españoles conquistadores oían a los indígenas llamarse meshica (la sh equivale aquí próximamente a ese diagrama inglés, a la ch francesa, a la x, ix catalanas y a la x gallega). Era así también como sonaba la x en las voces patrimoniales castellanas del xvi (dixe, exe), y, por tanto, la transcripción México {= Méshico) se impuso.

Pero esa sh evolucionó pronto en todo el dominio castellano, Ultramar incluido, a j, y la letra x permaneció representando el nuevo sonido. Por donde México sonó enseguida Méjico. A la vez, entraban en el idioma numerosos cultismos (examen, éxito, existir), también con x, pero pronunciada a la latina, ks (o más relajadamente gs e incluso s, como ahora). De ese modo, x correspondía a fonemas distintos: j por un lado, y el grupo ks, con realizaciones variables, por otro. Tal posibilidad perturbó a los gramáticos, los cuales le dieron diversas soluciones, hasta llegar a la octava edición de la Ortografía académica (1815), que estableció la situación actual: j siempre que pronunciemos el sonido uvular; x, para las voces no patrimoniales, cultismos a los que no afectó el cambio de x a sh y a j (axila, nexo, laxo). Aunque se produjeron dobletes como anexo-anejo. Algunos cultismos, con todo, habían sido arrebatados por la confusión, y lujo, a pesar de su origen y de la
Academia, se pronunció y escribió así, y no luxo.

A complejo le sucedió otro tanto. Varias palabras que se habían pasado también a la j, como convejo, ortodojo, heterodojia, patrocinadas por Unamuno, regresaron al redil latino con alguna resistencia. «No hay forma -escribía en 1867 el ilustre colombiano Cuervo- de que los estudiantes pronuncien plexo en vez de plejo. »
Práxedes, nombre de una santa, se quedó allí como Prajedes o Prajedis; entre nosotros, se limitó extravagantemente a hacerse masculino y esdrújulo.

Todo esto sucedió también en Méjico, como dijimos: la j y la x se repartieron fonética y ortográficamente igual que aquí. Sólo se resistieron en la escritura el nombre de la nación, el del gentilicio y el de algunos topónimos, que se quedaron con su x en desacuerdo con la pronunciación. Y así siguen las cosas. ¿Por qué? «Por curioso accidente histórico, se ha creado en torno a la conservación de la grafía x (aunque siempre pronunciándola como j, en lo que todos están de acuerdo en mi país), un complejo de nacionalismo, que hace sentir a la opinión general que es más patriótico escribir México que Méjico, como si la conservación de la vieja ortografía robusteciera el sentimiento de la independencia nacional», escribía Reyes en el mencionado informe.

Sobre el sentido de ese «complejo de nacionalismo» es más preciso Rosenblat: «Parece que en Méjico se ha hecho de la x bandera de izquierdismo, y que, en cambio, la j es signo de espíritu conservador o arcaizante». Comenta lo rara que resulta esa encarnación de lo progresista en lo vetusto, y añade: «Que mis amigos izquierdistas de Méjico, cuya fe en el progreso social y en la habilitación de lo indígena comparto plenamente, me perdonen esta intromisión en un problema que les llega tan al alma. Pero la conservación de la x de México es un caso claro de fetichismo de la letra».

No hagamos de ello cuestión: ya Unamuno se encorajinó por todos con esa «equis intrusa» que tanto perturba en el territorio hispanohablante. Respetemos en los mejicanos su prurito ortográfico, tan selectivo que no alcanza a Jalapa, Juárez, Guanajuato y Guadalajara. Entre nosotros, parece manía aristocratizante de los Xiquena, Xavier, Ximénez o Mexía. «Podemos, por deferencia especial, escribir México -afirma Rosenblat- como quieren los mexicanos. Pero también podemos, sin faltarle al respeto a nadie, escribir tranquilamente Méjico, mejicano, para evitar la pronunciación falsa de ks, que está cundiendo aun entre mucha gente culta.»,La Academia, neutralísima, reconoció en 1959 ambas grafías.

Lo que importa es que nadie pronuncie Méksico ni meksicano, y, por las mismas razones, ni Teksas ni teksano. Por lo menos, que no se falle en esto. En otros vocablos, la cuestión resulta ardua y propicia al error. Hace pocos años, un diplomático y escritor nuestro asistió a una recepción oficial en que un ministro de aquella nación le preguntó amablemente por sus proyectos de viaje. «De aquí, quiero ir a Oaxaca», le contestó. Violenta indignación del ministro: siempre ajenos los españoles a las cosas de América. «¡Se pronuncia Guajaca!» (como, en efecto, escribían los viejos mapas, los antiguos historiadores y geógrafos). El diplomático dejó pasar el vendaval, y luego, como no queriendo la cosa, dejó caer al político mejicano: «Parece importante la próxima entrevista de los Presidentes Echevarría y Nijon».

Todo acabó como es preciso que, con x por medio o j, acaben las cosas entre españoles y mejicanos: con un noble apretón de manos.

sábado, 5 de febrero de 2011

Fin de semana en Londres (VII) Pre Oxford

Y entre cerveza y cerveza pensando qué hacer al día siguiente. Mi mente navegó por la posibilidad de ir a Stonhenge o ir a Reading a ver el lugar natal de Mike Oldfield. Al final dejé todo a la mañana del día siguiente.
Me levanté con el día Reading así que me embarqué hacia ese destino, pero con llegada en Oxford, que está en la misma línea.
Foto de la línea Londres - Heredfordshire.


Hergest Ridge fue el primer disco que Mike Oldfield preparó en Heredfordshire. Ahora veo más claro que el hecho de que esta línea de tren fuera en esa dirección facilitó la elección del estudio allí.


Llegué a Reading. No hay nada que ver. Busqué un sitio con internet: nada. No hay oficina de turismo. El centro está ocupado por una avenida comercial y un centro comercial que lo atraviesa hasta las orillas del Támesis. Tal vez en primavera esté bien pero en este tiempo, con los árboles desangelados, da un ambiente de tristeza e industrialización. Caminé un poco y vi los restos de una abadía y, justo en medio de lo que debieron ser las dependencias, un enorme edificio de oficinas.

Puerta de entrada a lo que queda de la abadía.

Pensé por un momento lo que me solucionó la papeleta otras veces, el preguntarle a los taxistas si me pueden llevar, al fin y al cabo es un hombre prominente de esta localidad. Vuelvo hacia la estación y en la fila 4 taxistas. El primero, un sid 2 veces mi tamaño, y no precisamente por lo alto. Los otros 3 eran indios o pakistaníes. Pregunté uno a uno y ninguno me supo responder. Estos señores tal vez me pudieran hablar de la historia de Reading de los últimos 10 ó 20 años, pero no más.
Ayuntamiento de Reading

Desistí y me fui a Oxford. Otra vez será.

Fin de semana en Londres (VI) Cervezas

Después de dar la vuelta por los mercados aún nos juntamos con más gente y terminamos en un pub junto a Oxford Street, probablemente por su ubicación yo diría que era "The Old Explorer"

En los concursos internacionales de cervezas hay varias categorías, hay una para las cervezas belgas, otra para las lager, las ale... no podía ir a Inglaterra y pedir una cerveza que pudiera repetir en Bruselas, así que nos fuimos a por las locales.

Esta cerveza tenía una complejidad de sabores que hacía disfrutar de los sorbos cortos.

Las cervezas inglesas son famosas por no tener presión y tienen que tirar varias veces de la manivela para que la pompa empuje la cerveza. También son cervezas que se toman a temperatura ambiente y que se recomienda no dejar enfriar ni que se le vaya demasiada espuma ya que tiene poca.

La cerveza del lugar. Pregunté a la camarera por una recomendación y un cliente apoyado en barra, no sé si por mantener el equilibrio o por cansancio, me recomendó esta entre las varias opciones. Recomendable con gran presencia del lúpulo.

Me llamó la atención cruzarme con varios pubs con una pegatina distintiva de la guía de la cerveza del 2010. Ahora me pena no haber tomado nota. Este establecimiento tenía la pegatina.
Al día siguiente, en Oxford, volví a ver otro pub con el adhesivo y comí allí. Muy recomendable. Me tomé un estofado de la casa que estaba rico. El nombre es The white horse y es una de esas micro cervecerías que se reparten a lo largo de toda Inglaterra. El nombre hace referencia a un famoso caballo de la vecina localidad de Uffington que no fui a visitar esta vez.

Me encantó descubrir accidentalmente esta microcervecería.

domingo, 30 de enero de 2011

Fin de semana en Londres (V) De mercadillos (II)

Convent Garden ocho y media de la mañana de un sábado. Las palomas 4 transeúntes y yo.

No sé si debería haber sugerido este título, al fin y al cabo el mercado estaba cerrado. Mi mala costumbre de despertarme temprano me hizo tener un pie fuera de la habitación a la 7 y media de la mañana. Buen momento para el desayuno pero ¿dónde hacerlo? No me podía alejar mucho del centro o tenía que medir bien el tiempo para llegar a la cita que me llevaría a los mercados de la entrada anterior.

Vista interior del mercado desde una entrada.

Fui andando hasta Convent Garden, donde se encuentra uno de los más conocidos y céntricos mercados de Londres. Me aventuré por las callejuelas en busca de un recuerdo que se difuminaba entre otros. Este era una tienda de tés cuyas pareces eran armarios de madera con cajones y, en cada cajón, podías abrir y oler el té hasta encontrar el que más te gustara. Recuerdo haber comprado té de chocolate hace unos 16 años. El chocolate puro, como es sabido, es amargo, por lo que la bebida resultante tenía que tener muy poca concentración para poder ser tomada; el azúcar no solucionaba la intensa amargura que trasmitía una infusión muy densa.

Paseando vi una tienda de quesos muy atractiva. Lástima que fuera mi segundo día. No podría tener el queso 2 días más en una habitación bastante caliente sin que apestara.
Queso Cheshire. Las dependientas se afanaban preparando lonchas antes de que los clientes llegaran.

El recorrido, después de hecho, lo recomendaría. Hay un callejón, Neal's Yard, con mucho encanto por el que no pasaba nadie. Claro que serían las 8 y pico de la mañana. Una cafetería abierta y un sitio ideal para parar.
Mono el rincón en Neal's Yard ¿verdad?

Finalmente llegué a Convent Garden. Estaban montando los puestos. Busqué un antiguo suministrador de calendarios y postales de La Casa del Cine pero ya no estaba allí. Tal vez se acordaran o tal vez no, tal vez fueran nuevos empleados, o se cambiaron de lugar o los barrió la crisis. Por nuestra parte dejamos de ser clientes suyos por la fuerte competencia de los grandes almacenes en España que ponen los precios prácticamente al precio que nos costaban como minoristas y que dan más acceso a nivel nacional al producto. Me da pena la agonía de las tiendas callejeras y la americanización del consumidor tendiendo a comprar en centros comerciales pero no hay nada que reclamar al cliente. Como consumidor veo las ventajas y, si puedo y no daña mi bolsillo, seguiré consumiendo en el pequeño comercio.
Una de las entradas.

Traduzco al castellano: "En mayo de 1670, el rey Carlos II promulgó una licencia al cuarto conde de Bedford para el mantenimiento de un mercado en la plaza de Convent Garden cada día del año excepto domingos y Navidad, para la compra y venta de todo tipo de fruta, flores, raíces e hierbas. Durante los 3 siglos siguientes intercambiaba aquí el mayor mercado de fruta y verdura. En 1828, el sexto duque obtuvo poderes del parlamento para construir el edificio del mercado que fue techado en 1876. La propiedad permaneció en la familia Bedfor hasta 1918. Este bronce honra a todos aquellos hombres y mujeres que trajeron y vendieron productos frescos aquí que luego se distribuían por toda Inglaterra.


En una de las esquinas de la plaza me encontré con la London Marathon Store. No se ve bien pero tenía un reloj con la cuenta atrás hasta el inicio del próximo maratón de Londres. Rebecca, una amiga, va a correr el maratón con una ONG y está recaudando fondos. Si os sentís caritativos os dejo el link. Ella confía en la ONG, pues yo también http://www.virginmoneygiving.com/RebeccaFalvey

Pequeña dedicatoria a Rebecca

sábado, 29 de enero de 2011

Fin de semana en Londres (IV) De mercadillos

El primer día que nos veíamos Farid y Alessandra. Debí preveer que no habría un plan concreto. Alessandra me mostró un sitio donde venden todo tipo de productos para hacer sushi. Luego se propuso ir a comer sushi y no dijo ni si ni no ni todo lo contrario, realmente hay gente que no sabes si no quiere imponerse o simplemente duda de todo en la vida. Como comenté lo del Dunkin Doughnouts, cada vez que veía un Doughnut me preguntaba si quería. Muy amable pero la verdad es que no.


Una de las elecciones del día.

Decidimos recorrer Portobello y Camdem. Ambos son los mercados más conocidos de Londres y, tal vez, debí sugerir alguno de los otros como Borough (Greenwich y Spitalfields cierran los sábados). La suerte estaba echada. Tomamos el 23 desde Picadilly para ver la ciudad. Pasamos por la calle en la que me alojé la primera vez que pisé Londres, lo cual me hizo ilusión.

Originales asientos en los puestos de comida junto al puente en Camden.

Portobello ha cambiado. La parte de los anticuarios ahora no es tan accesible y se ha visto invadida por una mayor densidad de puestos callejeros. ¿Cómo se ha cedido este terreno? La parte media tenía alimentos como ahora pero, la parte que hay después de pasar el tunel tenía menos alimentos y puestos de "cosas alternativas" y más segundas manos y últimas tendencias callejeras. Ahora ocupa más espacio pero tiene menos encanto para convertirse en un mercadillo más. Los puestos donde conseguí algunas de las joyas de mi colección de vinilos han desaparecido. Me llamó la atención de un puesto brasileño haciendo churros.

Parte interior del mercado de caballos.

De ahí en metro hasta Camden. Camden Sí que conserva parte del estilo de nuevas tendencias con la comercialidad del turismo. Por otra parte la ampliación del mercado de caballos ha sido muy acertada. Me han comentado que lleva abierta esa parte poco más de un año, así que si me equivoco que me corrijan.
Me llamó la atención in bombín. Pensé que tal vez visitar el museo Magritte con él puesto sería un puntazo y lo miré: made in PRC (People's Republic of China). Pregunté el precio. 30 libras. Me giré para irme y me dijo "Es que es original. Si quieres una reproducción te la vendo por una libra y media." Creo que obvia el comentario.

Mercado de los establos.

En un puesto de té nos paramos a tomar chicha multifrutas y nos querían obligar a consumir algo de bebida. Conforme nos levantábamos vino a decirnos que no nos preocupáramos, que nos sentáramos. Lo cierto es que algo de beber para la garganta no habría ido mal pero, aunque fuera por no dejarse torear, me resistí a pedir nada. La pipa costó 12 libras, por quien tenga curiosidad.

El puesto de té estaba a la derecha de este pasillo.

jueves, 27 de enero de 2011

Fin de semana en Londres (III) Eurostar

Salgo de noche y llego de noche. El viaje son unas 2 horas y el coste de 80€. Piden disculpas por megafonía por el retraso de 8 minutos sobre el horario previsto por tráfico en el Eurotunel. Esta era una escapada que me podía permitir antes de que se me rompiera el cristal y encargara las ventanas. El efecto es curioso ya que voy en una hora y vuelvo en 3 por el cambio de zona horaria.
El canal de la Mancha lo había atravesado en avión y en barco; ahora tocaba en tren. El túnel apenas se nota. Unas luces continuas te indican que estás dentro pero, entre la oscuridad de la noche y mi inmersión en la lectura no me di cuenta hasta que la presión hizo mella en mis oídos. La referencia de entrada y salida son unas estaciones valladas y algunos barcos y camiones a una cierta distancia de los cuales me he fijado sólo durante el viaje de vuelta.
Apunto como nota que es más cómodo el asiento para 2 personas que el de 4 ya que se pueden estirar mejor los pies e, incluso, las mesas te dan más espacio. La única desventaja es que no encontré enchufes para el ordenador que, sin embargo, sí tenían las mesas de 4, eso sí, con adaptador inglés.

martes, 25 de enero de 2011

Fin de semana en Londres (II) Picadilly Circus

Duermo realmente cerca de Picadilly Circus. Ya no hay un Dunkin Doughnuts como hace 12 años. En su lugar ahora hay un Boots. Casi pared con pared hay un bar con doughnuts que no merece la pena por precio/calidad. Tampoco está Tower Records ahora sustituída por The Sting. Uno de mis cines favoritos en el que recuerdo que llegaron a proyectar "Huevos de oro" ahora es una discoteca.
Un poco más atrás, en Regents, antes estaban las oficinas de Universal que ahora no encontré.



Todas esas cosas permanecieron los 10 años en los que viajé más o menos regularmente a Londres pero desaparecieron en estos últimos 12. ¿La crisis? ¿El eterno movimiento de Londres?

Fin de semana en Londres (I) Llegada

Llego a Backpackers tras un día de trabajo. El sitio no está mal por el dinero que se paga. Nada más llegar una pareja de italianos dormían ocupando mi cama. Dormían profundamente, sin sábanas y con la luz encendida. Parecía que les hubieran dado una paliza por lo que les costó responder cuando les hice saber que ese no era su sitio.
El segundo día no vi a nadie en la habitación. El tercero me crucé con una mejicana llamada Fabiola con la que apenas crucé 15 minutos de charla. Dormí bien y no hay que olvidarse del candado y del jabón.
Internet por 1 libra cada 30 minutos. Al menos miré un poco el correo.

Salí tras acomodarme. Di una vuelta por los cines de Leicester Square y no conseguí ninguna postal para mi padre. Además parece que la publicidad con miniposters ya no se lleva 12 años después.
Capucino con... con nada. Londres es caro en comparación con la Europa continental. Cambié 50 libras en la estación de Bruselas por 65€. El capucino ya me iba a costar 2,35 libras que, al cambio, unos 3,10€, así que a economizar.
En mis vueltas por los cines pasé por delante del restaurante de Gordon Ramsey. Se podía comer por unos 100€, que no está nada mal.

viernes, 21 de enero de 2011

Entrada a parte

Cuando pensé en qué nombre ponerle al año he ignorado la muerte de mi abuelo. Sin duda es lo más significativo del año pero hay varias cosas en mi cabeza que me decían que tenía que poner otra entrada a parte. Son muchos sentimientos que no voy a exprimir ni expresar ahora, sin embargo me quedaré con los hechos.
El primer hecho es que a mi abuelo le perdí el año anterior. La gangrena en la sangre le hacía estar menos lúcido que de costumbre y no se podía mantener con él una conversación. Era mi abuelo pero no era el abuelo que me agarraba del brazo o que me rascaba con la barba cada vez que le besaba. Me queda la grata sensación de que, incluso en sus peores estados, siempre preguntaba por mi y siempre esperaba mi abrazo. Mi madre contaba que a las otras personas de la residencia les decía "mira, mira cómo me abraza mi nieto". Cuando iba a verle se le hacía larguísimo y, si decía que viajaba a Valladolid en abril, desde el 31 de marzo ya preguntaba a mi mandre que porqué no llegaba.
La operación se llevó su pierna y sus ganas de seguir. Pasó unos meses lamentando lo que una vez fue en comparación con lo que era en ese momento y lo que suponía estar encarcelado en una silla de ruedas. La última vez que le vi parecía que la resignación a la silla había llegado.
Tengo la viva imagen de Angelina (la protagonista a la que dediqué la frase que define mi año)abrazando a mi abuelo. Sólo Dios sabe lo grabada que se me ha quedado esa imagen y como, sin palabras, esta mujer fue capaz de trasmitirle cariño. Dije que no hablaría de sentimientos por lo que no voy a continuar y esta descripción se queda en mi memoria, más allá de las palabras, que es donde tiene que estar.

Una y otra vez mi abuelo me recordaba una anécdota. Yendo a por agua a la fuente siendo yo muy niño, las espigas en torno al caminillo detrás de la casa me azotaban la cara y me molestaban para seguir. Dice mi abuelo que le pedí que me llevara a cuestas a lo que me respondió "Yo te llevo si cuando no pueda moverme me llevas tu" y yo acepté.
No he podido hacer más que sus hijos. Levantar su cuerpo de la cama o el féretro el día del entierro. He hecho lo que tenía que hacer y he querido lo que tenía que querer, así que no nos quedamos con cuentas pendientes que, al fin, es lo mejor que te puede pasar con cualquiera.