viernes, 21 de enero de 2011

Entrada a parte

Cuando pensé en qué nombre ponerle al año he ignorado la muerte de mi abuelo. Sin duda es lo más significativo del año pero hay varias cosas en mi cabeza que me decían que tenía que poner otra entrada a parte. Son muchos sentimientos que no voy a exprimir ni expresar ahora, sin embargo me quedaré con los hechos.
El primer hecho es que a mi abuelo le perdí el año anterior. La gangrena en la sangre le hacía estar menos lúcido que de costumbre y no se podía mantener con él una conversación. Era mi abuelo pero no era el abuelo que me agarraba del brazo o que me rascaba con la barba cada vez que le besaba. Me queda la grata sensación de que, incluso en sus peores estados, siempre preguntaba por mi y siempre esperaba mi abrazo. Mi madre contaba que a las otras personas de la residencia les decía "mira, mira cómo me abraza mi nieto". Cuando iba a verle se le hacía larguísimo y, si decía que viajaba a Valladolid en abril, desde el 31 de marzo ya preguntaba a mi mandre que porqué no llegaba.
La operación se llevó su pierna y sus ganas de seguir. Pasó unos meses lamentando lo que una vez fue en comparación con lo que era en ese momento y lo que suponía estar encarcelado en una silla de ruedas. La última vez que le vi parecía que la resignación a la silla había llegado.
Tengo la viva imagen de Angelina (la protagonista a la que dediqué la frase que define mi año)abrazando a mi abuelo. Sólo Dios sabe lo grabada que se me ha quedado esa imagen y como, sin palabras, esta mujer fue capaz de trasmitirle cariño. Dije que no hablaría de sentimientos por lo que no voy a continuar y esta descripción se queda en mi memoria, más allá de las palabras, que es donde tiene que estar.

Una y otra vez mi abuelo me recordaba una anécdota. Yendo a por agua a la fuente siendo yo muy niño, las espigas en torno al caminillo detrás de la casa me azotaban la cara y me molestaban para seguir. Dice mi abuelo que le pedí que me llevara a cuestas a lo que me respondió "Yo te llevo si cuando no pueda moverme me llevas tu" y yo acepté.
No he podido hacer más que sus hijos. Levantar su cuerpo de la cama o el féretro el día del entierro. He hecho lo que tenía que hacer y he querido lo que tenía que querer, así que no nos quedamos con cuentas pendientes que, al fin, es lo mejor que te puede pasar con cualquiera.

1 comentario:

Sergutel dijo...

Los abuelos, grandes figuras familiares para todos. Se les quiere de una forma especial cuando apenas eres un niño. Pero aun mas cuando estan a punto de abandonarnos para siempre. Cuantas tardes y cuantos veranos habremos pasado con ellos. Jugando, riendo y disfrutando en el pueblo ...

Muy bonito y emotiva tu historia. 10.